Reestructuraciones en las pymes: paciencia en tiempos de ‘posguerra’

 

 

Leído en libros que relatan la Guerra Civil y la posguerra en España, eran muchos los que pasaron las penurias de aquella contienda y de los años posteriores que mantenían que la guerra había sido mala pero que la posguerra fue peor.

La situación que vivimos en buena parte del mundo como consecuencia de la pandemia del Covid19 puede considerarse, a buen seguro, como de una guerra sanitaria de primer orden que ya ha causado, lamentablemente, más de 25.000 muertos en nuestro país en aproximadamente tres meses. Estamos ante una situación de estrés en nuestra sociedad nunca vivida en los últimos 80 años. Cuando controlemos la pandemia, (esperemos que pronto) empezará la posguerra en la que tendremos que ser capaces de gestionar la delicadísima situación económica en la que quedarán muchas empresas y autónomos.

La bajada de la actividad económica ha sido tremenda, y el futuro en los próximos meses parece que deberá seguir siendo con medidas de carácter sanitario que harán difícil la reanudación completa de la actividad.

Ante esta situación, el Gobierno ha previsto una serie de medidas que pretende facilitar a empresas y autónomos la obtención de la financiación. Además, Administraciones autonómicas y locales también han implementado otras medidas; e incluso el Banco de España ha empezado a tomar medidas para flexibilizar sus exigencias a la Banca en estos tiempos, con el fin de que esta pueda ayudar a la economía; en definitiva, se pretende que la posguerra no sea tan dura.

Sin entrar a valorar ahora el detalle de dichas medidas me parece que tiene que ser fundamental el papel que el propio sector privado debe jugar para que muchas pymes puedan sobrevivir. El tiempo dirá si las medidas a implementar por las administraciones y por la banca sirven para ayudar a la supervivencia de las empresas, pero me quiero referir ahora a las relaciones comerciales, de distribución, de suministro, etc. que generan miles de millones gracias a las cuales muchas empresas sobreviven; a partir de ahora se van a dar situaciones de retrasos en los pagos y también de impagos que pueden provocar un efecto dominó en las reclamaciones judiciales, concursos de acreedores y, en definitiva, en la caída de muchas empresas.

No quiero parecer naif pero sería recomendable que las empresas fueran capaces de tener la suficiente paciencia acreedora para permitir que sus deudores puedan cumplir, aunque sea tarde, con sus obligaciones; muchas de esas empresas acreedoras serán a su vez deudoras de otras, que también deberán armarse de la misma paciencia (por medio de pactos siempre de buena fe). Intuyo que no será fácil ya que habrá que encontrar siempre el equilibrio necesario para que la paciencia que aplique con mis deudores no acabe conmigo.

Si todos mantenemos el mismo sentido de que el objetivo es común, tal vez haya alguna posibilidad de evitar un gran desastre.

En momentos como este, en el que no tenemos una referencia pasada clara sobre cómo gestionar lo que se avecina, todo lo que sea que las propias empresas se ayuden entre sí y agoten las posibilidades de que puedan ser capaces de reestructurarse y de, en su caso, refinanciar sus deudas, será positivo para la recuperación de la economía y para que se salven muchas pymes; obviamente, esperemos que los otros grandes actores en la vida de las empresas, (junto con sus trabajadores), como son la banca y la Administración, cumplan con su papel, sin el cual nada de lo expuesto servirá para mucho. Me refiero también, por ejemplo a que la banca sea capaz de utilizar los mismos criterios, ayudada por la flexibilización que ahora se ha anunciado y que la Administración (estatal, autonómica o local) cumpla con los plazos que la Ley de la morosidad le impone en los pagos a sus proveedores; ahí la administración local será la que tendrá que hacer un mayor esfuerzo, al ser esta la que peor hace sus deberes en esta materia.

En definitiva, cuando se reinicia tímidamente la actividad en nuestro país y ahora que tenemos que empezar a gestionar una situación completamente nueva para todos, intentemos que la posguerra no sea peor que la guerra.

 

Este artículo se publicó en el Diario Expansión el 11 de mayo de 2020. Haga clic aquí para leerlo.